Jueves
23.11.17

22 DE Agosto DE 2017 | CRIANZA

Los caminos del apego

Le hicimos una entrevista a una experta en Apego, para que nos despeje dudas sobre esta teoría de la que se habla mucho y está en boca de todos pero tal vez nunca profundizamos. .

-¿Qué es el apego?

-En términos generales, el apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres (o cuidadores) y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad. El apego proporciona la seguridad emocional al niño puesto que se siente aceptado y protegido incondicionalmente. La tesis fundamental de la teoría del apego es que el estado de seguridad, ansiedad o temor de un niño es determinado en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto (persona con que se establece el vínculo). De acuerdo a la teoría del apego, un fuerte vínculo emocional con sus padres es precursor de la seguridad y de la empatía en las relaciones personales en la edad adulta. Un inadecuado establecimiento de un vínculo seguro en la infancia puede conllevar a dificultades psicológicas.
La crianza con apego, propuesta originalmente por John Bowlby, afirma que el niño tiene una tendencia a buscar la cercanía a otra persona y se siente seguro cuando esa persona está presente y es sensible a cubrir sus necesidades tanto físicas como emocionales. Bowlby había propuesto en 1951 la hipótesis de que la privación materna no sólo causaba depresión en la niñez, sino también hostilidad e incapacidad para establecer relaciones saludables en la vida adulta. Dentro de esta teoría los niños biológicamente están “diseñados” a estar apegados a sus padres, no sólo para satisfacer sus necesidades sino porque son seres profundamente sociales.


La teoría del apego constituye uno de los planteamientos teóricos más sólidos en el área de la psicología infantil. Desde sus inicios a finales de los años cincuenta, ésta teoría se ha visto afianzada y enriquecida por una gran cantidad de investigaciones realizadas en los últimos años.
De esta teoría surge la "crianza con apego” que es una crianza sensible a las necesidades del niño, que respeta su individualidad y desarrollo espontáneo. Implica conectarse con el bebé, con sus señales y con las expresiones espontáneas de su personalidad. Estas interacciones respetuosas son los cimientos en los cuales restan no solo sus conexiones cerebrales y futuros aprendizajes sino además sus futuras interacciones sociales con otros individuos. Desde el punto de vista científico, la crianza con apego un estilo con suficiente evidencia a favor, que ofrece la mayor probabilidad de un desarrollo cerebral óptimo y un desarrollo psicológico y social sano. Desde el punto de vista ético, considero que la crianza con apego es una responsabilidad social. Es nuestra responsabilidad informarnos y ser críticos de los consejos que recibamos tanto de amigos, familiares o incluso de aquellos profesionales de la salud que no se actualizan, ni argumentan su repertorio de consejos con datos científicos.

-¿Cómo se traduce en ejemplos de la vida diaria?
La crianza con apego, hoy en día, se vincula con la lactancia materna , la defensa del colecho, - dormir con los hijos- el tener al bebé en brazos o portear, prácticas que son muy compatibles con la teoría del apego y facilitan el establecimiento del mismo. Sin embargo, la teoría del apego no estipula ninguna lista de requerimientos ni de prácticas que deban realizarse. Su principio se basa en que un recién nacido necesita desarrollar vínculos de apego con al menos un cuidador principal para que su desarrollo social y emocional se produzca con normalidad. Estos vínculos se forman gracias a que los adultos satisfacen sus necesidades de seguridad y protección. La teoría propone que los niños se apegan instintivamente a quien cuida de ellos, con el fin de sobrevivir. La meta biológica es la supervivencia, y la meta psicológica es la seguridad.

Los ejemplos de la vida diaria se basan entonces en el trato respetuoso y sensible a las necesidades del bebé. Dado que sus necesidades los dos primeros años pueden resumirse en alimento y proximidad a un cuidador principal (usualmente la madre), he identificado cuatro prácticas que constituyen los pilares fundamentales sobre los cuales resta el bienestar físico y emocional del bebé. Cada acto o práctica que nos aproxime a estos pilares, será un acto o práctica que aproxime al niño al establecimiendo del apego seguro. El apego es un proceso desde el niño hacia sus cuidadores, no al revés.

Estos son los cuatro pilares sobre los cuales restan las prácticas de crianza sensibles a las necesidades evolutivas del bebé:

Pilar #1 - Dormir en proximidad del bebé ya sea en la misma cama (con las debidas precauciones) o en una cuna al lado de la cama.

Pilar # 2- Alimentación a demanda (preferiblemente leche materna), lo cual implica un destete guiado por el bebé y una alimentación complementaria autorregulada.

Pilar # 3- Contacto físico continuo ya sea en brazos o en un fular o portabebés.

Pilar # 4- Respuesta rápida y efectiva a las necesidades (incluyendo las emocionales), lo cual implica responder a las señales de angustia del bebé incluso antes de que se desate el llanto.

-¿Cuándo comienza el apego?
El apego se empieza a establecer desde el momento del parto. Las primeras experiencias del recién nacido influyen en su cerebro y en sus respuestas corporales por el resto de su vida. La evidencia sugiere que los eventos traumáticos, el estrés prolongado y/o la separación de la madre después del parto pueden permanentemente afectar el cerebro en desarrollo del bebé, sus patrones de comportamiento y su adaptación y sintonizacion con la madre inmediatamente después del parto.

El período inmediatamente después del parto se reconoce biológicamente como un periodo sensible pues la madre y el bebé están alertas y despiertos para reconocer y afirmar su vínculo. Estas interacciones tempranas son la base para los patrones de comunicación y el desarrollo de la personalidad en las etapas tempranas. Los déficits de apego temprano y los vínculos no logrados al inicio de la vida del recién nacido pueden llevar a una mala sintonización entre el bebé y la madre. Las estructuras psico-biológicas del cerebro del bebé son muy susceptibles a las huellas y a las experiencias desde la concepción hasta los dos años de edad, y especialmente durante el parto. De ahí la importancia de hablar anticipadamente con el personal del hospital, clínica o centro de maternidad para procurar que las condiciones sean las óptimas al momento del parto. Las rutinas hospitalarias pueden esperar y no deben tomar precedencia. En el caso de una cesárea, es aún más importante que el personal médico facilite el contacto piel a piel con la madre para que se libere la oxitocina tan necesaria para iniciar el vínculo de apego y para mitigar los efectos del parto quirúrgico.

Las experiencias traumáticas, la pérdida de tiempo valioso y la separación deben ser evitados a como dé lugar durante el embarazo, el parto y el periodo postparto. Cuando existe trauma o pérdida, los efectos pueden ser mitigados a través del apoyo social y profesional y procurando que se dé contacto piel a piel entre la madre y el recién nacido lo más pronto posible después del nacimiento.

-¿Cuál es la postura con relación al colecho?
Los bebés humanos no han sido programados para dormir solos, esa es la realidad. Todos los padres del mundo han dormido con sus hijos quizás más de una vez ya sea toda la noche o intermitentemente cuando se pasan a la cama de sus padres. Para muchos padres resulta más fácil permitirles dormir con ellos que perder valiosas horas de descanso en plena madrugada. Hay otros que prefieren no compartir la cama matrimonial o el dormitorio con los hijos por temor a que eso influya negativamente en su intimidad.

Cuando se trata del dormir de un bebé, realmente tenemos pocas opciones y no todas resultan efectivas para todas las familias puesto que cada familia tiene dinámicas diferentes. Existe una sucesión muy corta de opciones para lograr dormir mejor que van desde las opciones con más proximidad (como el compartir la misma cama), hasta aquellas con menos proximidad (dormir en cuartos separados). La opción más efectiva, más beneficiosa para el bebé y la que resulta en más horas de sueño para la madre es el colecho.

El término colecho, traducido del inglés "cosleeping" se refiere a cualquier situación en la que un adulto, (comúnmente la madre) duerme con suficiente proximidad al bebé o niño como para poder responder a las señales sensoriales que se envían mutuamente. El colecho no se refiere solo a compartir una misma cama sino también a compartir diferentes superficies dentro de una misma habitación. El dormir cerca del bebé es biológicamente apropiado y mucho más natural que poner a un bebé solo en otra habitación. El colecho es aún más apropiado cuando se asocia con la lactancia. Son dos prácticas que van de la mano. Cuando se practica el colecho tomando las debidas precauciones, éste contribuye al bienestar y a la salud tanto de la madre como del bebé. El simple hecho de que un bebé duerma cerca de sus padres reduce su riesgo de morir por síndrome de muerte súbita.

El colecho, lamentablemente, no funciona en todas las familias. Muchos padres prefieren mantener su cama o su cuarto como un lugar sagrado para la pareja pues es en ella en donde se da la intimidad. Las parejas que deciden no dormir con sus hijos lo hacen porque creen que así están salvaguardando su relación de pareja y permitiendo que continúe la intimidad entre los padres. Esas opiniones son válidas y respetables. En esos casos se recomienda responder rápidamente a cada despertar del bebé. Mientras más pronto se actúe más fácil será para el bebé reconciliar el sueño. La cercanía (reemplazada hoy en día por los monitores de sueño) es lo que permite a los padres responder efectiva y rápidamente, y es esta capacidad de respuesta la que permite el establecimiento de un apego seguro.
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-¿Qué sugerencias para una mamá con hijo recién nacido?
-El lema de toda madre de un bebé recién nacido debería ser "Paciencia". Las malas noches son temporales y aunque se experimenta esa etapa inicial con mucha intensidad, es en realidad una etapa muy corta en comparación al resto de la vida tanto de la madre como del bebé. La inversión que los padres hacen al dar prioridad al tiempo con sus hijos es quizás la inversión más importante que tengamos los adultos que hacer en nuestra vida.

Los primeros años de la vida de nuestros hijos son la etapa más importante porque el cerebro está en su etapa más vulnerable y de más rápido crecimiento. Sin embargo, eso no significa que debamos las mujeres olvidarnos de nuestros roles fuera del hogar. Por eso para mí es fundamental complementar la idea de crianza con apego (que básicamente se refiere a los procesos y necesidades de los niños) con la idea de maternidad consciente, que está más relacionada con los procesos que nos ocurren a nosotras las madres. Porque no son sólo las necesidades de los niños las que se ponen en juego, también están las de nosotras, las madres, que nos lanzamos a criar con toda nuestra historia y continuamos siendo mujeres y profesionales después de parir. La maternidad consciente promueve la crianza en libertad, la libertad para amar a nuestros hijos como queramos, pero a la vez, la responsabilidad, el hacerse cargo de esa libertad. La maternidad consciente nos dice que somos libres de elegir cada acción en la crianza, pero que cada elección estará hecha desde nuestras circunstancias, historias, necesidades, la cultura en la que estamos insertas y es de esto de lo que debemos ser conscientes para poder criar respetuosamente.

Parecerá al principio que las necesidades del bebé son infinitas y que nuestra vida entera se trata de satisfacer al bebé. Los bebés no tienen horario y no saben que a las dos de la madrugada los padres preferirían seguir durmiendo. Es reconfortante pensar, sin embargo, que el vivir de acuerdo a los principios de la crianza con apego no significa que debamos dejar de ser nosotros mismas. De hecho, el balancear nuestras necesidades con las del bebé es un acto responsable y es lo que todo padre o madre debería hacer. Los niños necesitan padres emocionalmente saludables. Necesitan padres que valoran su vida social y profesional y que se sienten bien consigo mismos. El saber que nuestras necesidades adultas han sido satisfechas es lo que nos permite estar disponibles y dispuestos a satisfacer las necesidades de nuestros hijos. Para formar seres humanos conscientes, los niños deben ir aprendiendo poco a poco, a respetar el espacio y las necesidades de sus padres de la misma manera que ellos esperan que sus padres satisfagan las suyas. Se trata simplemente de ir poco a poco encontrando el equilibrio. Lo difícil es encontrarlo cuando las emociones que experimentamos los primeros meses son una maraña. Es importante darse a uno mismo el permiso de sentirse feliz y abrumada al mismo tiempo, o de sentirse eficiente y frustrado en cuestión de minutos. El equilibrio es importante en lo social también. Démonos el tiempo de pasar tiempo con las amigas o amigos para hablar de cosas que no estén relacionadas con bebés o de mimarnos un poco en la peluquería o en el spa.

-¿Qué libros sugerís a nuestras lectoras sobre el tema?
Si lo que se quiere es tener un mejor entendimiento de la teoría del apego, recomiendo.
-"El apego: cómo nuestros vínculos nos hacen quienes somos" de Inés Di Bartolo y por supuesto mi libro, "Crianza con Apego: De la teoría a práctica".
Si lo que se busca es conocer más sobre prácticas respetuosas y relacionadas con la crianza con apego recomiendo,
- Bésame Mucho de Carlos Gonzalez (un clásico)
- Dormir sin llorar de Rosa Jové
- El cerebro del niño de Daniel Siegel


Sandra Ramírez es psicóloga escolar y educadora. Tiene una Licenciatura en Psicología de Beloit College, una Maestría en Educación Primaria de la Universidad de Alabama y otra Maestría en Psicología Educativa de la Universidad de Whitewater-Wisconsin. Ha trabajado con padres y maestros en las escuelas primarias tanto en su país natal Ecuador, como en los Estados Unidos. Es consultora de temas de progreso académico e intervenciones educativas en el distrito escolar en donde trabaja de profesora de apoyo para niños bilingües y orientadora familiar para las familias hispanas de su comunidad. Tiene un hijo de 5 años y va escribiendo a medida que va pasando por la experiencia y acompañando a su hijo en su camino.



Por Lic. Carolina Duek
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